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Tips para arrancar el proyecto propio

Uno de los objetivos de muchos expertos gastronómicos es tener su propio espacio donde crear a su gusto. No todo es cuestión de ollas. Muchos temas están fuera de la cocina. 

El sueño del regentear el restaurante bajo el propio nombre está presente en casi todos los profesionales de la cocina. Tarde o temprano, los que se dedican de manera determinante a esta disciplina, terminan intentándolo. Pero, como todo negocio, el core del mismo es trascendente, pero existen un montón de otros puntos a considerar a la hora de comenzar. El marketing es una pieza esencial que desde un comienzo debe acompañar el desarrollo.

En estos tiempos, tal vez como nunca antes, la profesión de cocineros/as se encuentra especialmente reconocida. Pero no se trata de seguir la ola de la moda, sino más bien de crear un proyecto con intenciones sustentables. 

El primer paso es determinar el posicionamiento. Tema que se conjuga con la oferta gastronómica. El tipo de establecimiento, la carta que se elegirá producir, los horarios de apertura y el tipo de público al que se desea captar. 

La cadena de proveedores es otro factor determinante que incidirá en las decisiones de posicionamiento y tendrá injerencia en el éxito final del proyecto. No se trata sólo de la calidad de las materias primas culinarias, sino también de cuestiones como lavandería, blanquería, manejo de desperdicios, vajilla o mobiliario... 

El diseño de la carta es la más potente herramienta de comunicación y de venta. Es la esencia, el corazón que hará latir el restaurante. Debe confeccionarse con inteligencia, calidad en la realidad. Dimensiones y variedad con conciencia de entorno y posibilidades. Reconocer, además, que se trata de la expresión de un todo más amplio que la decena de platos que la integren. Que será fiel al concepto de base y perfectible, acomodable, ajustable y activa.

La atmósfera del lugar es la olla que cuece a todo el restaurante. La comida no será apreciada del mismo modo si el ambiente desentona. Si chocan los universos de estilismo y gastronomía, el resultado será inconsistente.

Los precios han de acompañar el conjunto creado. No sólo deben ser adecuados como para sostener el negocio andando, sino que deben seguir la premisa de ser coincidentes con el valor percibido por el cliente, consustanciados con el ambiente en que se inserta y lógico para el mercado al que se apunta. 

El servicio es el packaging que envuelve la experiencia culinaria. La experiencia no cierra si el servicio no acompaña. El protocolo de actuación debe definirse anticipadamente y tendrá vida: irá mutando hasta acomodarse completamente al conjunto.

La estrategia de comunicación se lleva una gran parte de las energías porque hoy el encuentro con el cliente está polarizado. En cada sitio donde se presenta debe haber una estrategia coincidente en su conjunto, de modo que el hacer general en el decir sea coherente. Presencia digital (web, redes sociales, Google My Business), portales de reservas y opiniones online, sitios de recomendaciones de tendencias y restaurantes, relaciones públicas y publicidad acorde al target elegido. Todos segmentos coincidentes en la línea discursiva general que tendrá que permanecer activa, coherente, no empujando al cliente al restaurante, sino seduciéndolo, con el objetivo final: que pruebe, que lo disfrute, que vuelva y que recomiende.